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Macrobiótica, una alimentación natural que cuida tu salud.

macrobiótica

La macrobiótica nos ayuda a prolongar la vida a través de una alimentación natural y equilibrada.

Este tipo de alimentación se basa en principios filosóficos de la antigua civilización asiática. Un japonés, conocido en el mundo occidental como George Ohsawa, fue su más ferviente propulsor.

La macrobiótica considera el acto de comer como el más importante para la vida, por lo tanto, debe ser un acto razonado y consciente, no puramente mecánico.

Esta ancestral disciplina, que busca el equilibrio en armonía con la naturaleza, intenta proporcionar a nuestro organismo una mejor salud, equilibrio y bienestar.

¿Cuáles son las bases fundamentales de la macrobiótica?

Desde la consideración de la alimentación, en su sentido más integral, esta filosofía se basa en los siguientes principios:

– Consumo moderado de alimentos.
– La masticación concienzuda de cada bocado de comida.
– Dieta con cierto predominio alcalinizante (vegetal).
– Consumo de alimentos frescos, estacionales, locales, cultivados sin sustancias químicas, como fertilizantes, plaguicidas, etc.
– Equilibrio entre alimentos “yin” y “yang”.
– Presencia equilibrada de los sabores: dulce, amargo, ácido, picante y salado.

¿Qué tipo de alimentos se incluyen en la alimentación macrobiótica?

Con la finalidad de mantener la armonía entre todos los sistemas y subsistemas orgánicos y, por tanto, un buen funcionamiento metabólico, la comida macrobiótica suele contener:

– Cereales integrales, como la base mayoritaria de esta alimentación (50-60%).
– Verduras y hortalizas (30-40%).
– Frutas estacionales.
– Leguminosas.
– Aceites vegetales naturalmente procesados.
– Carnes blancas (pescado, pollo, conejo o aves de caza).
– Frutos secos (nueces, almendras, castañas, maní tostado).
– Semillas oleaginosas (de zapallo, de sésamo, de girasol).
– Productos de soja u otros cereales fermentados como el miso y el tamari.
– Algas marinas, como el kombu, wakame, agar-agar, nori, etc.
– Sal marina integral.

Algunos vegetales se someten a procesos de desecación para aumentar su potencial vitamínico y mineral, como el jengibre, cebolla, perejil, hongos shiitake y la raíz de loto.

¿Qué nutrientes nos aporta este tipo de alimentación?

La alimentación macrobiótica es rica en carbohidratos complejos que nos aportan energía duradera, mientras que es baja en grasa saturada y colesterol, favoreciendo, consecuentemente nuestra salud cardiovascular.

Los granos más utilizados por la macrobiótica son: arroz integral, mijo, avena, cebada, trigo bulghur, trigo sarraceno (kasha), centeno, couscous, etc.

No debemos confundir el mijo con el miso, el primero es un cereal, mientras que el miso es un condimento fermentado y salado que contiene judías de soja, harina de cebada y sal.

Los beta carotenos (precursores de la vitamina A) son muy abundantes, así como la vitamina C, los fitoquímicos y la fibra dietética, por lo tanto, esta alimentación reduce el estrés oxidativo celular y, como resultado, el daño oxidativo de los tejidos.

Además, incluye proteína animal en pequeña cantidad, predominando la de origen vegetal.

El aporte de fibra es muy importante para mantener la flora saprofita o beneficiosa intestinal. Los granos integrales, las verduras y hortalizas son una buena fuente.

Por otro lado, los alimentos fermentados se convierten en ácido láctico a nivel del colon, este ácido corrige el balance entre las bacterias beneficiosas y las potencialmente perjudiciales.

Los encurtidos, umeboshi (ciruela fermentada), tamari, el miso, panes ácidos y el amasake son algunos productos que inducen la formación del ácido láctico anteriormente mencionado, incluidos en la macrobiótica.

Esta alimentación tradicional nos aporta muchos beneficios para la salud, no obstante, si optamos por la misma, es importante que nos informemos muy bien para evitar restricciones derivadas de su adaptación al mundo occidental.

Muchos de los ingredientes que utiliza la macrobiótica podemos encontrarlos en tiendas acreditadas de internet.

Bibliografía consultada:

Carmen Porrata Maury. “Introducción a la Macrobiótica”. Editorial Universitaria. Ministerio de Educación Superior de la República de Cuba, 2008. ISBN: 978-959-16-0652-5

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